Humo y Vapor I

De Subtrama
Revisión a fecha de 22:13 23 jun 2013; El Universo (Discusión | contribuciones)
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16 de Abril de 26 aGR; 17:30. Nar Shaddaa, Distrito Droide

La twi'lek verde que conducía la motojet bajó la mirada al ver llegar a Ide con Tilikit trotando alegremente a su lado.

-Señor, no creo que haya espacio suficiente en el vehículo -dijo en voz baja y átona.

-Bueno, Tilikit y yo nos apretaremos en la segunda motojet. Al fin y al cabo no somos especialmente grandes ninguno de los dos, y es estrictamente necesario que nos acompañe allí.

-Así se hará, señor.

Ide se subió a la motojet, y Tilikit hizo lo propio de un salto. No era especialmente cómodo, pero dado que Tilikit era extremadamente pequeño e Ide tenía una estatura reducida, podían viajar de forma segura. Tomaron altura y se dirigieron hacia las coordenadas del Gremio de Cazarrecompensas.

-Es un camino largo -informó ella con voz neutra- unos cuarenta minutos.



Durante el trayecto, Ide consultó la información que Jocasta Nu había recopilado, en busca de algo relevante sobre el Gremio de Cazarecompensas.

Ide se decepcionó levemente. El artículo se titulaba "El Gremio de Cazarrecompensas en Nar Shaddaa" y daba por hecho que el lector ya sabía bastantes cosas sobre el Gremio. De todas formas, venían las coordenadas del Gremio (en una plataforma orbital selenosincrónica) y el nombre de la razón social a la que pagaban la factura por el espacio (el Concilio Hutt) junto a los planos de la instalación y una relación de las personas más relevantes del Gremio en la zona (ninguno de cuyos nombres sonaba a Ide en absoluto).

Una vez Ide hubo repasado rápidamente esta información, consultó la hora. Le quedaban treinta y cinco minutos, así que se concentró en lo que sabía del robot, y en el recuerdo de su visión, y se dejó llevar durante lo que restaba de viaje por la voluntad de la Fuerza. Se dejó acunar, y pronto le llamó la atención el estilo de conducción de la joven twi'lek.

Ide admiró la destreza de la piloto, que parecía ser capaz de ver patrones en el tráfico caótico y violento (Ide vio cuatro tiroteos, a diferentes distancias); y de detectar peligros (como unas extrañas grúas que se movían a lo largo de los laterales de los edificios, que serían claramente ilegales en Coruscant o cualquier otro planeta del Nucleo) y huecos en el tráfico, a veces antes de que aparecieran.

En un par de ocasiones Ide pensó que colisionarían, pero nada así sucedió.

En un momento determinado, la angustia surgió de la twi'lek, e Ide se dio cuenta instantáneamente de lo que pasaba. Resultaba imposible llegar a la Central del Gremio en Nar Shaddaa con una motojet. No tanto por potencia como por motivos físicos: al salir de la atmósfera se asfixiarían, y probablemente también se morirían de frio.

Ella comenzó a ir en círculos, sin saber qué hacer.

-No podemos subir, ¿verdad?

-En este vehículo no, señor -esperó unos instantes-. Podríamos alquilar otro más apropiado a nuestras necesidades.

-No conocerás algún sitio fiable por aquí cerca donde conseguir uno, ¿verdad?

Las voces de Tilikit (frente a Ide) y la piloto se superpusieron durante un instante.

-Sí señor -dijo ella.

-¡Sí! ¡Sí!- chilló él.

Ambos se callaron. Ninguno de los dos estaba seguro de haber metido la pata.



-Qué bien, ayer estaba completamente perdido y hoy me sobra la información -dijo Ide afablemente-. ¿Cuáles son nuestras opciones, ehm...? -De repente Ide se percató que no conocía ni el nombre de su piloto-. Vaya, no he tenido ni la educación de preguntarte tu nombre.

-Yo, señor, perdí mi nombre cuando me convertí en esclava -dijo ella con voz sumisa-. Puede llamarme como crea más conveniente.

-De pequeño, cuando aún vivía en Naboo, una vez conocía una twilek'a que tenía más o menos tu color de piel. Se llamaba Cora. Creo que te llamaré así, si no te importa.

-Sí señor -respondió ella.

No tenía muy claro si le parecía bien porque tenía que parecerle bien o porque realmente le gustaba la idea. Probó a verla en la Fuerza, y hubo un momento de indefinición... hasta que Ide centró su mente en ella, y la sintió. Se sentía muy avergonzada de haber perdido su nombre, y cada uno de sus amos la había llamado de una manera distinta... pero si este extraño se quejaba ante Amo Wolkan, sería castigada. Sería castigada severamente.

-Mejor aún. Dime un nombre que te guste. -Ide seguía centrado en ella.

Notó que no podía darle su nombre auténtico. Algo se lo impedía. Y nunca nadie le había preguntado una cosa así... A lo mejor el nombre de alguien que le gustaría ser... pero no podía permitirse pensamientos así. Se lo dijeron cuando la vendieron. No intentes pensar que algún día serás otra cosa. Eres esclava. Eres una propiedad. No cambiarás, salvo si alguien te cambia. Ide sintió el escalofrío, el miedo...

-Cualquiera, señor. No me importa -la respuesta segura, siempre la respuesta segura. Y vivirás años para darla.

A Ide le frustraba a veces no poder arreglar el Universo, pero era consciente de que no siempre era posible. Y no sabía exactamente si forzarla a imaginarse un nombre le iba a hacer más mal que bien.

-No creo que no te importe, pero tampoco puedo obligarte a desear un nombre -esperó unos segundos, por si respondía. Una nota disonante le llegó de ella.

-Ya he tenido muchos nombres -dijo, con una voz levemente rebelde-. No deseo más. -no dijo lo siguiente que había pensado: ya tengo un nombre, y me han puesto docenas.

-¿Y puedo al menos saber por qué no puedes decirme tu verdadero nombre, a pesar de que lo conoces? -inquirió el jedi.

-Lo perdí al ser vendida. No se me permite tenerlo. Una esclava no tiene nada -dijo con voz monótona, por la que se entreveía el dolor con el que esa lección había sido aprendida.

-Yo no creo en la esclavitud, ni en las posesiones. Para mí no eres una esclava. Eres la persona que lleva mi motojet porque yo no sé hacerlo. Si te sirve de algo, claro -quiso parecer conciliador, pero no estaba seguro de que no hubiera sonado condescendiente.

-Soy la persona propiedad de Keel, con un implante asesino, activado por control remoto, que hace todo lo que le dicen y no puede esperar nada a cambio -dijo, con amargura-. Llámalo como quieras.

Ide calló unos segundos. Efectivamente, había cosas que no podía arreglar. Tendría que arreglar este planeta entero. Y los de al lado. Y la mitad de la puñetera galaxia. Sólo siendo extremadamente poderoso, tanto como para que nadie más pudiera desobedecer sus órdenes...

Pero, en lugar de imaginarse sometiendo a la Galaxia, detuvo la corriente de pensamientos, y decidió que no la llamaría Cora.

-Llévame pues a donde podamos dejar las motojets y alquilar un vehículo, amiga twilek'a.

Ella no dijo nada. Modificó el rumbo. Ide sintió su dolor, su desolación emocional al sentirse observada por alguien libre, que le decía, sin palabras, que había crecido en un lugar donde no se podía comprar gente.

Donde no había niños esclavos, como ella misma había sido...

Entre el humo y el vapor de Nar Shaddaa, a veces se forman gotas de condensación que impactan contra los vehículos en movimiento.

Pero las gotas cálidas que venían de la motojet de delante no eran de condensación. Eran saladas, y golpeaban a Ide con amargura.

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